15 de mayo de 2026

«Me queda un 9% de lo facturado»



En un pequeño pueblo de Cataluña -Viladecans-, la historia de emprendimiento de Lorena cumple el sueño de muchos: convertir su pasión por el café de especialidad en un negocio propio. Tras varios años residiendo en Bristol (Reino Unido), donde descubrió todo un nuevo universo cafetero, decidió que era el momento de regresar a su tierra para lanzar su propia cafetería.

La experiencia en Bristol fue clave para Lorena. Allí, el mundo del café de especialidad la atrapó: locales acogedores, máquinas cuidadas, cafés con identidad. Al volver a Barcelona, se formó como barista y trabajó en varias cafeterías, pero mantenía claro que quería un espacio propio.

Cuando identificó que en Viladecans no existía una cafetería de este estilo, supo que tenía la oportunidad. Así nació la idea de abrir su local, más allá del café tradicional, apostando por especialidad, repostería propia y un ambiente diferenciador.

Para poner en marcha su negocio, Lorena invirtió aproximadamente € 105.000, optando por un traspaso para reducir trámites y obra. Hubo obstáculos como la licencia que adquirió que era de panadería, no de cafetería, lo cual limitaba su uso de mesas; tras gestiones adicionales logró adaptarla a lo que necesitaba.

Durante el primer año de explotación -­aproximadamente-, la cafetería alcanzó una facturación de 138.000 €. Una vez descontados todos los gastos, el margen neto que queda es de aproximadamente 8-9 % sobre la facturación. Lorena lo define así: “El negocio se sostiene y crece”.

Es un porcentaje modesto si se compara con la ilusión inicial, pero realista: muestra que detrás de “montar una cafetería bonita” hay números, esfuerzo matutino y disciplina diaria.

Aunque el café es el producto principal, no es el que deja mayor margen. Lorena cuenta que una carga de café le cuesta unos 0,55 €, y la vende a 1,80 €, un margen estrecho. En cambio, la repostería propia es donde está el verdadero diferencial y la mayor rentabilidad:

Las galletas, por ejemplo, pueden vender hasta 70 unidades diarias en invierno; en verano bajan a 10-20 unidades. Además, la pasta de repostería ha sido una apuesta: Lorena pasó de comprarla a un obrador a producirla ella misma, con su amasadora, y ahora busca una aún más grande.

El marketing digital también juega un papel importante: la presencia en Instagram y TikTok ha generado colas en la inauguración y mantiene el interés del público. “Cada vez que publico algo, la gente viene a pedirlo”, afirma Lorena en una nota en El Español.

Lorena abre temprano: llega a las 7 a.m. al local para pesar cafés, hornear bollería y preparar galletas. La jornada es larga: seis días a la semana desde la apertura hasta el cierre. Aunque ya cuenta con personal, ella sigue “al pie del cañón”.

Coherencia de producto: apostar por especialidad y repostería propia hace que el negocio se diferencie de una cafetería común.

Control de costes: conocer bien los gastos fijos y variables, y definir el punto de equilibrio diario, son pasos fundamentales.

Marketing de nicho: utilizar redes para viralizar productos especiales genera tráfico relevante.

Paciencia y realismo: un margen del 8-9 % no es espectacular, pero es sostenible y permite crecimiento gradual.

Capacidad de adaptación: ajustar licencias, cambiar maquinaria, adaptarse al local y al mercado.

Aunque Lorena ya ha devuelto el préstamo bancario, no ha recuperado aún los ahorros invertidos. Calcula que si mantiene el ritmo actual, en unos tres años habrá saldado toda la inversión. El futuro pasa por optimizar: delegar más para reducir su carga, posiblemente ampliar repostería, seguir innovando en café de especialidad y mantener la visibilidad en redes.



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