30 de noviembre de 2025

Por las calles de París, tras los pasos de Julio Cortázar


La capital de Francia tiene mil maneras diferentes de ser recorrida y disfrutada. Una de ellas es siguiendo los pasos del escritor argentino Julio Cortázar, uno de sus más grandes admiradores, y de sus personajes.

Un 26 de agosto de 1914 nacía en Bélgica quien se convertiría en uno de los escritores más célebres de la Argentina. Luego de pasar gran parte de su infancia en su querida Buenos Aires, Julio Cortázar decidó radicarse en París en 1951, cuando tenía 37 años.

A partir de entonces cambiaría su historia radicalmente, y París se convertiría tal vez en la mayor musa inspiradora de toda su vida y su producción literaria. Como se muestra en Rayuela, una obra que ha sabido sobrevivir al paso del tiempo, las caminatas del autor por las calles de la ciudad resultaron fuente de creación para distintas aventuras de los personajes de la novela, que hasta el día de hoy siguen despertando un profundo interés en los lectores.

Los cafés parisinos, algunos parques, ciertas calles en particular y hasta determinadas galerías guardan en sus memorias las huellas de un autor cuya mirada tiene una magia que permanece intacta.

Hay que aclarar que el recorrido por el trayecto cortazariano no tiene un orden determinado. Casi como las páginas de Rayuela, es posible comenzar por cualquier sitio y terminar en otro.

En la caminata, como en la obra, se entremezcla la vida personal del escritor con la de sus personajes, fruto de la inspiración de muchos de sus paseos por la capital de Francia.

La Torre Eiffel, ícono de París. Foto REUTERS/Jeenah MoonLa Torre Eiffel, ícono de París. Foto REUTERS/Jeenah Moon

Las huellas de Julio

Entre las paradas inevitables al seguir los pasos del creador de Rayuela en París figura la Galería Vivienne, de 1823.

Galerie Vivienne, de 1823. Foto EFE/EPA/CAROLINE BLUMBERGGalerie Vivienne, de 1823. Foto EFE/EPA/CAROLINE BLUMBERG

Este sitio muy hermoso y muy próximo al inigualable Jardin du Palais Royal era uno de los favoritos del escritor en la ciudad. A tal punto, que en su texto El otro cielo hace referencia a esta galería, e incluso la conecta de una manera literaria con la Galería Güemes de Buenos Aires.

Un dato para tener en cuenta es que se encuentra a muy pocas cuadras del Museo del Louvre, lo que permite aprovechar para visitar el mismo día uno de los museos más importantes del mundo.

Una de las particularidades de la París de Cortázar radica en que el escritor, si bien refleja desde sus palabras algunos de los sitios más icónicos de la Ciudad Luz, no se limita a recorrerlos, sino que se detiene también en algunos puntos que suelen ser menos concurridos por los turistas, y más por los parisinos.

Museo del Louvre de París, que recientemente sufrió un robo de joyas. Foto EFE/ Edgar Sapiña Manchado.Museo del Louvre de París, que recientemente sufrió un robo de joyas. Foto EFE/ Edgar Sapiña Manchado.

Es el caso, por ejemplo, del Parc Montsouris, un hermoso espacio al aire libre diseñado al estilo inglés y ubicado al sur de la ciudad. El amor de Cortázar por este lugar lo llevó a incluirlo en Rayuela: es allí donde sus protagonistas, Oliveira y La Maga, deciden deshacerse de un paraguas.

Otro de los puntos esenciales en este itinerario es, definitivamente, la Maison de la Argentine (Casa Argentina, 27A Boulevard Jourdan).

Emplazada en medio de la Cité Universitaire (ciudad universitaria), este lugar fue el primer hogar del escritor argentino apenas llegado a estas tierras.

Se encuentra a muy pocos metros del Parc Montsouris, lo que explica en parte la atracción del autor por este parque, que frecuentaba mucho.

En la Casa Argentina hay infinitos detalles que recuerdan el paso de Cortázar por ese lugar. Empezando por un pequeño busto del escritor que se encuentra exhibido en una vitrina al ingresar al establecimiento.

Una pareja de enamorados en el Pont des Arts. Foto AP Photo/Thibault CamusUna pareja de enamorados en el Pont des Arts. Foto AP Photo/Thibault Camus

Además, la habitación en la que durmió está claramente señalada con una placa en su puerta, donde se destaca que es el sitio en el que se alojó el escritor durante sus primeros días en París.

El puente del amor y los típicos ‘bouquinistes’

Otro de los paseos ineludibles para los admiradores de Cortázar es el Pont des Arts (Puente de las Artes), aquel sitio que tiene una importancia radical en Rayuela, al punto de figurar en el inicio de la novela. Es allí donde su protagonista, Horacio Oliveira, se ilusiona con encontrar a su amor, La Maga.

Pont De Arts es uno de los puentes más significativos de París, y hasta hace no muchos años era un símbolo del amor: hasta aquí se acercaban los enamorados de todo el mundo para dejar un candado con sus iniciales encerradas en un corazón. Se volvió una moda en París y en muchos otros puentes del mundo.

Una imagen de 2015, de los candados que solíen dejer los enamorados en las antiguas barandas del puente. Foto EFE/EPA/ETIENNE LAURENT Una imagen de 2015, de los candados que solíen dejer los enamorados en las antiguas barandas del puente. Foto EFE/EPA/ETIENNE LAURENT

Sin embargo, el peso de tantos candados terminó siendo demasiado para la estructura -en 2014 se desplomó parte de las barandas-, por lo que se tomó la decisión de quitarlos.

Ubicado en pleno centro de la ciudad, el Pont des Arts fue declarado oficialmente Monumento Histórico Nacional y Patrimonio Mundial.

Hay otro sitio en el que coinciden los relatos del autor argentino y uno de los grandes atractivos de la Ciudad Luz. Se trata de una caminata por los bordes del Sena para observar los típicos bouquinistes. Estos puestos de libros -con sus célebres techos verdes-, que conforman uno de los paisajes más clásicos de la capital gala, aparecen en varias de las obras del escritor. Entre ellas, claro, Rayuela.

Una vista de los tradicionales bouquinistes de París. Foto EFE.Una vista de los tradicionales bouquinistes de París. Foto EFE.

Las tiendas de los bouquinistes se extienden a lo largo de ambos márgenes del Sena, llegando incluso hasta la majestuosa catedral de Notre Dame. Recorrerlas es caminar, como un parisino más, por un lugar emblemático que, además, permite admirar los mejores atardeceres de París.

A su vez, en cada uno de los puestos es posible encontrar una infinidad de productos; desde libros usados hasta souvenires, pasando por una amplia gama de artículos inspirados en los pintores cuyas obras se encuentran en distintos museos de Francia.

Un descanso entre cronopios

Si bien el orden del recorrido del circuito cortazariano en París dependerá de las preferencias de cada uno, es recomendable dejar uno de los lugares más mágicos y representativos de la vida del autor para el final: el cementerio de Montparnasse, donde descansan sus restos.

Se encuentra en el barrio del mismo nombre, uno de los más clásicos de la ciudad, y es uno de los cementerios más importantes; una visita que aparece recomendada en muchas guías de turismo.

Una iamgen de la tumba de Cortázar. Foto EFEUna iamgen de la tumba de Cortázar. Foto EFE

Para encontrar rápidamente la tumba del autor, una buena opción es dejarse guiar por el cartel verde que se puede ver en la puerta principal de ingreso al cementerio, que indica la ubicación de las tumbas más célebres.

Con unos minutos de caminata se llega a la tumba del escritor, que se destaca del resto dado que cuenta con una figura que representa un cronopio.

Un dato curioso es que en los últimos años, y luego de que varias de sus admiradoras dejaran sellado su amor por el autor con la marca de besos hechos con lápiz de labios, se incorporó allí un cartel donde se pide encarecidamente a las enamoradas de Cortázar que no “ensucien” este espacio.

Es que hay algo que resulta innegable luego de un paseo por el cementerio: el escritor argentino recibe hasta el día de hoy muchísimo amor, y su tumba es testigo de que su ausencia física no hizo que mermara en absoluto la admiración por lo que implicó su figura, algo que llamó incluso la atención de franceses que, en el cartel, piden por favor menos besos.

Ese amor es acaso el mismo que se desprende de su libro Rayuela, en el que París es un personaje más. Mientras tanto, el enamoramiento de Cortázar por esta ciudad se siente en el aire mientras recorremos las calles tras sus pasos.



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