21 de abril de 2026

«Los cambios en nuestros hábitos son tan rápidos que nuestra microbiota y organismo no han tenido tiempo de adaptarse»



La microbiota define al conjunto de billones de microorganismos que viven en nuestro cuerpo, en especial en el intestino, y que juegan un papel fundamental en nuestra salud.

Gracias a la investigación científica de las últimas décadas, sabemos que la microbiota participa de manera activa en la digestión, el metabolismo, la producción de vitaminas, la protección frente a patógenos y la regulación del sistema inmunitario.

Una de las especialistas más reconocidas en el ámbito de la microbiota en España es la doctora Asún González, bióloga por la Universidad de Salamanca y asesora nutricional. Autora del libro ¿Tú también tienes SIBO?, dedicado al síndrome de intestino irritable, ha desarrollado estrategias para tratar estas afecciones.

La doctora González destaca la importancia de ajustar los hábitos de vida para cuidar la microbiota. Explica que nuestros microorganismos intestinales tienen sus propios ritmos, y que factores modernos como las comidas tardías, el consumo de alimentos ultraprocesados y el estrés pueden alterarla y contribuir a molestias como hinchazón, gases, digestiones pesadas o incluso enfermedades crónicas.

La base de una microbiota sana, según la doctora González, pasa por una dieta pesco-mediterránea rica en verduras y pescado, el consumo adecuado de agua y la aplicación de ayuno intermitente ajustado a los ritmos del sol. Subraya que el 80% de la población sufre algún tipo de molestia digestiva, muchas veces consecuencia de un “déficit de vida evolutiva”, es decir, los cambios en nuestros hábitos son tan rápidos que nuestra microbiota y organismo no han tenido tiempo de adaptarse.

En el pódcast Tiene Sentido, González destacó que la hinchazón, los gases o tener la barriga inflada no son situaciones normales, sino síntomas de desequilibrio. Esta alteración de la microbiota es, en definitiva, una descompensación que puede traer problemas digestivos crónicos.

González atribuye el alto porcentaje de personas que presenta este desequilibrio a un “déficit de vida evolutiva”. Dice que nuestros hábitos han cambiado demasiado rápido para que el cuerpo humano haya podido adaptarse.

La clave está en la comida, pero sin complicarse demasiado: una dieta a base de pescado, verdura y agua. Luego dice que curar el SIBO es posible, pero admite que no hay soluciones mágicas. El tratamiento requiere entender el origen del desequilibrio, apoyarse en profesionales y mantener rutinas saludables. Estrés, antibióticos o intolerancias no detectadas suelen estar detrás del problema.

En cuanto a los probióticos y prebióticos los define como el abono del “jardín intestinal”. Pero, advierte, no vale cualquiera. Hay que seleccionar bien las cepas, combinarlas con una dieta adecuada y evitar caer en la trampa de los suplementos sin control.

Claro que el intestino no solo trabaja en la digestión, porque está conectado con el cerebro, la piel y el sistema inmune. González insiste en mirar la salud de forma integral: “Una persona con eccemas o fatiga puede tener su origen en una microbiota desequilibrada”.

No se trata de rechazar la tecnología, sino de recuperar ciertos hábitos naturales. “La modernidad nos ha pasado por encima”, dice, recordando cómo los ultraprocesados, la falta de sueño y el sedentarismo dañan nuestros “viejos amigos” microbianos.

La microbiota también tiene horarios porque no somos los humanos los únicos que necesitamos descanso. Sus ritmos se alteran, en especial, cuando comemos fuera de hora. “Lo ideal sería desayunar a las nueve y cenar a las cuatro”, dice, aunque reconoce que eso suena casi a ciencia ficción.



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